Detener mal comportamiento, propósito impostergable

Por Constanza Soria

Estamos comenzando el año y todavía predomina la idea de seguir trabajando en los buenos propósitos para obtener una mejor versión de sí mismos, la mejor que se puede y que nos hace sentir más felices con nosotros mismos y más plenos.

Entre éstos propósitos para tener una vida más armoniosa está seguramente, en la mente de algunos padres de familia, tomar cartas en el asunto y terminar de una vez por todas con el comportamiento errático de los hijos que no son respetuosos, no cumplen con sus obligaciones en la escuela y en la casa, o que no siguen las reglas que los padres -como responsables del buen funcionamiento de la dinámica familiar-, han estipulado para que todo marche bien.

Después del giro del péndulo en materia de educación de los hijos, que fué de la más estricta disciplina a la voluntad de acercarse a ellos y ser sus amigos para que se sintieran acompañados y tuvieran más confianza para hablar con sus padres, años después los psicólogos infantiles han declarado que esa formula no funcionó.

Los niños necesitan una imagen de autoridad, necesitan sobre todo la idea de límites, que es lo que los mantiene a salvo en su primera infancia y los ayuda a ser funcionales y a entender el mundo para  poder tener éxito en su vida adulta.

Hoy en día hay escuelas para padres o asesores, especialistas que ofrecen su consejo después de haber pasado exactamente por los mismos problemas o retos a los que usted  puede estar enfrentando con su hijo.

El error más frecuente de los padres, anotan los especialistas, es que se sienten culpables del mal comportamiento de sus hijos, si no respetan a las personas, se culpan ellos mismos por no haberles inculcado buenos modales; si no hacen las tareas, es porque ellos se ocuparon más en otras cosas y priorizaron erroneamente en vez de sentarse con los pequeños en las tardes a ayudarles en los trabajos que deben realizar después de la escuela; si no realizan las tareas encomendadas en la casa, como lavar los trastos, sacar la basura de la cocina u ordenar sus habitaciones, los progenitores se flagelan porque no fueron lo suficientemente asertivos para dejar claro que toda acción tiene una consecuencia, para bien o para mal, en éste caso, el no cumplir con una obligación indefectiblemente debería corresponder a la pérdida de un privilegio, lo cuál, en algunas ocasiones no sucede.

El punto número uno para resolver cualquier mal comportamiento de los hijos es no aceptar la culpa. Cuando se acepta tener aunque sea un poco de responsabilidad por las fallas de los niños o incluso de los jóvenes, se les esta enseñando indirectamente que siempre pueden tener la excusa de poder culpar a alguien más.

No se debe aceptar jamás el hecho de que no quieran tomar responsabilidad de sus actos. Si reprobó una materia no puede decir que es porque le cae mal a la maestra, ella no puede tomar la culpa de su falla, y usted debe explicarlo claramente, seguirle el juego y trataro como víctima no le ayuda, lo importante es que lo enseñe a resolver los retos en forma constructiva y el primer paso es que se haga responsable de sus actos.

Lo mismo si no ordena su cuarto y al confrontarlo le dice que no tuvo tiempo porque tiene otras tareas que realizar en la casa, entonces usted es culpable de que tenga que ocuparse en otras cosas como pasear al perro, hacer la tarea, guardar la comida en el refrigerador o cualquier otra actividad. Esa respuesta no es acceptable, todos en la casa tienen varios quehaceres y el hacerse cargo de uno no implica que descuide los otros.

Independientemente de la edad de su hijo o hija, es importante que el mensaje quede claro, tiene que aprender a hacerse cargo de sus obligaciones y no puede inventar excusas para no hacerlo, pensando en que ésto es una enseñanza a futuro, y vale oro, cuando sea adulto debe ser capaz de realizar y llevar a término cualquier trabajo que le encomienden en su empleo, sin importar las dificultades que encuentre a su paso, si no es capaz de tomar una tarea, cualquiera que sea con seriedad, definitivamente va a perder el empleo, las excusas no funcionan en el mundo real, es lo que usted debe enseñar.

Ni siquiera el diagnóstico de una enfermedad mental puede ser utilizada como excusa para la falta de recursos para resolver un problema, aun los niños o jóvenes a quienes se les ha detectado algún desorden como falta de atención o bipolaridad, en algún momento tienen que salir al mundo real y ser funcionales, así que su condición no puede tomarse como pretexto o justificación para no hacer bien las cosas.

Desde luego algunas explicaciones serán válidas, pero depende de los padres la decisión de cuando su muchacho tiene razón o esta sólo dramatizando para tocarle el corazón y disculpar que no haya cumplido con su responsabilidad.

Es importante tener conciencia de lo bien que sus hijos lo conocen y saben exactamente que discurso manejar para bajarle la guardia o para cambiar el tema. Cuando alguno de sus hijos argumenta que no hizo la tarea porque olvidó el libro en la escuela la respuesta se debe centrar en que no se está hablando de excusas, el tema es la responsabilidad de hacer las cosas que le tocan a cada quien a tiempo. Y ahí termina la conversación.

Si usted comienza a discutir la validez de la excusa, lo único que esta haciendo es alentándolo a que encuentre un pretexto mejor o de más peso para no hacer lo que se le esta pidiendo.

La mejor respuesta para evitar la conducta desafiante de los hijos ante las reglas de la casa que usted impone es no discutirlas. No se enganche en discusiones que siempre van a tratar de restarles importancia, no importa si sus hijos opinan que son reglas sin sentido, no son justas, la falta de libertad que tienen en casa y el poco respeto a sus personas.

Mucho menos caiga en la trampa de negociar las reglas que se han establecido para el buen funcionamiento de la dinámica familiar con ellos, es lo peor que puede hacer, porque en ese momento su palabra y su autoridad estan siendo cuestionadas.

El consejo de los expertos es que siempre los niños y jóvenes tengan una figura de autoridad que marque los límites, por su propia seguridad.

 

 

 

 

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