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George Floyd y su contexto

Pasar media vida profesional en Estados Unidos algo deja. A pesar de que, en persona realmente no puedo decir que yo lo sufrí, sí alcance a entender el enorme peso que el factor racial tiene en la formación del tejido social de la nación que más brilló en el mundo durante el siglo XX.

Más allá de la retórica sobre el deber ser, en la vida cotidiana, Estados Unidos es un país oligárquico, imperial si se quiere, que representa lo mejor –y peor–, del sistema capitalista. Sin embargo, por razones ideológicas e incluso culturales, tiene una especie de punto ciego en lo que respecta al tema de las “clases sociales”. Como sociedad, simplemente lo niega.  Por ende, los que los estadounidenses perciben es el tema racial.

Bastaría un solo dato duro –“The median household net wealth of African-Americans is $18,000, a tenth of the wealth of white Americans” (The Economist), para hacer evidente la relación entre ambos conceptos –clase social y raza–, algo que la propia élite intelectual Americana parece incapaz de ver siquiera.

En el mundo real, el significado de la palabra “negro” o incluso “mexican”, quiere decir “pobre” o, si se quiere, “perdedor” (uno de los peores insultos para una sociedad construido en torno al mito del Number One).

No me cabe la menor duda, que sin un presidente llamado Barak Hussein Obama, no podría existir un presidente como Donald. J. Trump. La decisión democrática de 2008 de llevar a la Casa Blanca a un joven formado de acuerdo con los mejores valores del “top 1%” de la élite de su país tuvo una especie de rebote en el que grandes grupos de interés –el gran capital financiero y lo que queda de la maquinaria industrial que ganó la última gran guerra–, supieron aprovechar el resentimiento de una clase media envejecida y derrotada por la globalización. Por eso ganó Donald Trump.

Amén de las virtudes y defectos personales de un personaje de la farándula que siempre fue mediático y ególatra, en la coyuntura del mega shock del COVID-19, las imágenes de un policía blanco posando para la foto mientras aplastaba con una de sus rodillas el cuello de una persona de color que clamaba auxilio porque no podía respirar, es quizá la estampa perfecta para definir la era Trump.

George  Floyd no es el primero, ni siquiera el más impactante de los incidentes que develan el brutal racismo e, incluso resentimiento, en contra de las minorías que, según la retórica del señor Trump, le robaron la versión idealizada de la “Great America” que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. Muerto mientras estaba bajo custodia de un cuerpo policial corrupto e incompetente, su caso se ha convertido en un nuevo símbolo de la tragedia Americana. “I can`t breath!”, es hoy un reclamo que recorre ciudades y países alrededor del mundo.

Primero fueron los “Mexicans”, luego los musulmanes, los chinos y ahora, los “vándalos” que es como Trump llama a quienes protestan en todo el país por la brutalidad policial que le costó la vida George Floyd. El punto es siempre culpar a alguien más.

En este 2020, el que el universo WASP (White Anglo-Saxo Protestant) representa todavía a la mayoría de la población —a grandes rasgos, los hispanos representan un sexto del total y los afroamericanos un poco menos–, de un país en el que el individualismo es la virtud suprema y el éxito económico su principal medida.

De cualquier modo, el hecho de que la salida del auto-confinamiento hayan sido grandes protestas en contra del racismo y la violencia policiaca, no dejan de una clara señal sobre el futuro posible.

Señales positivas

Después de unos pocos días de reacciones netamente emocionales (o inducidas), de grupos de jóvenes saliendo a la calle a expresar su enojo, las manifestaciones retomaron un rumbo verdaderamente radical: no caer en la trampa del vandalismo.  Expresar la molestia en contra de estatuas y monumentos de concreto logró mantener la atención mediñatica, en un claro mensaje: los seres humanos deberían importar mucho más que las piedras.  Además, pronto, en cuestión de dias, las expresiones de repudio al racismo surgieron en una cantidad importantes de ciudades alrededor del mundo.

Además, a la par del mayor involucramiento de los activistas sociales que se aglutinan en torno a la consigna, “Defund the police” (que en el caso de Nueva York ya connsiguieron un recorte de más de mil millones de dólares) y, de igual importancia, comenzó a crecer un reclamo desde un frente inesperado –grandes firmas comerciales–, que lanzan un boicot contra FaceBook y algunas otras redes sociales, que han dado evidencia de su poco interes en dejar de ser plataformas favoritas de los grupos racistas de extrema derecha en diversos lugares del mundo.

Si bien las olas mediáticas son, casi por definición, efímeras, es posible esperar que este gran movimiento global contra el racismo se mantendrá arriba en la agenda pública, al menos hasta el primer martes de noviembre.

 

 

 Esta es la version corta (politifact.com):

The death of George Floyd: What you need to know

IF YOUR TIME IS SHORT

  • Protests raged in Minneapolis over the death of George Floyd, a 46-year-old black man who died after an officer pinned Floyd’s neck under his knee.
  • The Hennepin County Attorney announced May 29 that Derek Chauvin, the officer who restrained Floyd, has been charged with murder and manslaughter.
  • Investigations into the incident and the other officers involved are ongoing. It’s the latest in a long series of fatal encounters between black men and white police.

Protests have flared up in Minneapolis and across the country as demonstrators decry the May 25 death of George Floyd. Floyd, a 46-year-old black man, died in police custody after a white officer pinned Floyd’s neck under his knee while Floyd pleaded that he couldn’t breathe.

Protesters, fed up with the latest in a long series of fatal encounters between black men and white law enforcement officers, have stormed the streets, looted city stores and set fire to a Minneapolis police department building.

“The chapter that’s been written this week is one of our darkest chapters,” said Minnesota Gov. Tim Walz, who deployed the Minnesota National Guard, in a May 29 press conference.

Hennepin County Attorney Mike Freeman announced May 29 that Derek Chauvin, the officer who pinned Floyd, has been charged with third-degree murder and manslaughter.

Freeman said the county has never filed charges so quickly. Between witness statements, a medical examiner’s preliminary report, bodycam footage and bystander videos that spread widely on social media, he said his office had everything they needed.

Chauvin is now in custody, Freeman said. Ongoing investigations could bring further charges against him and the other three officers involved with Floyd’s death, who have all been fired.

The FBI and Justice Department are conducting a federal civil rights investigation as a “top priority,” and the Minnesota Bureau of Criminal Apprehension is investigating the incident.

In short, a lot has happened since Floyd’s death. Here’s what we know about the story so far.

A 911 call, a violent arrest and a viral video

Around 8 p.m. on May 25, a staffer at Cup Foods, a local convenience store, called 911. He told the operator that Floyd had paid for cigarettes using “fake bills” and that he was outside the store, “sitting on his car” and appearing “awfully drunk,” according to a transcript of the call.

The owner of Cup Foods later told CNN the issue was over a counterfeit $20 bill.

The Minneapolis Police Department said in a statement that officers responded “on a report of forgery in progress” and, finding Floyd in his car, ordered him to exit the vehicle.

The statement said Floyd “physically resisted officers,” who handcuffed him and called for an ambulance because “he appeared to be suffering medical distress.”

Video recorded by a bystander at the scene shows Chauvin restraining Floyd behind a parked police cruiser and pinning Floyd’s neck to the pavement with his knee. Three more officers can be seen at various points, with one keeping onlookers off the street.

The 10-minute video is disturbing, but can be watched here.

Floyd can be heard repeatedly telling the officers, “I can’t breathe.” After a few minutes, Floyd becomes silent, closes his eyes and stops moving, but Chauvin keeps his knee in place.

Bystanders can be heard begging the officers to let him breathe, with one person telling the officers his nose is bleeding and another demanding that they check his pulse.

“He’s not resisting arrest or nothing,” one bystander says.

Medics arrive in an ambulance and roll Floyd, still motionless, onto a stretcher before loading him into an ambulance and taking him away.

The Minneapolis Fire Department’s report said Floyd was unresponsive and pulseless in the ambulance, adding that witnesses on the scene said the police “killed the man.”

He was pronounced dead at the Hennepin County Medical Center at 9:25 p.m, according to the medical examiner.

 

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