Tu alimento es tu medicina

Por Patricia Vergara Aragón*

Existen frases que relacionan directamente la alimentación con la salud, “Tu alimento, tu medicina”, frase que se atribuye a Hipócrates; “Somos lo que comemos”, de Alice May Brock; “Sólo tienes un cuerpo; aliméntalo bien y te devolverá el favor”, anónimo; “Una manzana al día mantiene lejos al doctor”, etc.

Estas frases derivadas del conocimiento empírico, han demostrado que una “buena alimentación”, previene enfermedades como la obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, anemia, osteoporosis, algunos tipos de cáncer, logrando mejorar la calidad de vida de las personas de todas las edades.

En este sentido, hacemos una reflexión sobre los principales factores que han determinado cambios fundamentales en la alimentación y por ende en la salud. Entre estos factores destacan los factores sociales (la incursión de la mujer en el área laboral, con poco tiempo para preparar los alimentos o delegando la alimentación familiar a los establecimientos de comida rápida), el factor ambiental (el cambio climático), y el factor tecnológico (productos en polvo para ahorrar tiempo, lo que se conoce como liofilización), la masificación de equipo electrodoméstico (frigoríficos, estufas de gas y microondas).

Los medios de comunicación generando campañas preventivas sobre enfermedades que derivan de una mala nutrición con el propósito de que las personas se interesen por mejorar la calidad de lo que comen.

Con respecto a los factores sociales, un aspecto importante es que la mayoría de las personas pasan de 8 a 10 horas en su trabajo, ésto implica que generalmente comen de manera rápida, salteada, fuera de horario y, además, argumentan no tener tiempo para hacer algún tipo de ejercicio.

Es así que entre comidas consumen alimentos chatarra, café, refrescos, pasteles, galletas, tacos o comida rápida por lo que tarde o temprano padecen gastritis, colitis, estreñimiento, elevados niveles en sangre de colesterol y triglicéridos, sobrepeso, obesidad, diabetes o hipertensión, entre otros padecimientos.

A raíz de que las personas tienen menos tiempo para cocinar, es que surge un sinfín de alimentos procesados en forma de polvo tales como el café, leche, caldos de pescado y carne, huevo, guacamole, moles, polvos protéicos entre otros más). Y cada vez con más frecuencia, las dietas de batidos energéticos a base de polvos artificiales que sustituyen el plato de comida tradicional entre las personas que buscan suplantar sus comidas por una solución líquida que sea fácil de hacer, que no engorde pero que aporte los nutrientes necesarios para vivir y, además de todo, sea económica, quedando desplazada la manera tradicional en la que se preparaban los platillos tradicionales de la familia, hasta el punto que algunos no se vuelven a probar nunca más.

Otra revolución en el campo alimentario fue la tecnología y con ella, la masificación de los frigoríficos, permitiendo incrementar la durabilidad de los alimentos (algo impensado en épocas pasadas). El uso de los refrigeradores, logró modificar la conservación y aprovisionamiento de los alimentos, pues antes de que aparecieran los refrigeradores, estábamos abocados en realizar la compra diaria de alimentos, incluyendo carnes y lacteos o bien en utilizar técnicas antiguas para la conservación de alimentós a traves de la salazón, secado o con el empleo de especias. Otros electrodomésticos que también revolucionaron la alimentación, fueron las estufas eléctricas y de gas modificando el mundo de la cocina, la preparación de alimentós, logrando evitar las enfermedades causadas por la inhalación de humo.

La evolución del fogón: primero de leña, después de carbón, mas tarde petróleo, seguido por las estufas de gas, luego eléctricas y últimamente por los microondas, que justifican por sí mismos las transformaciones ocurridas en los procesos de preparación de alimentos. Actualmente, como es natural se ha reducido mucho el tiempo dedicado a la preparación de alimentós, la realidad es que alimentarse saludablemente, tener una vida activa y una visión positiva sobre las cosas, es un fundamento básico para mantener sano al organismo y evitar futuros padecimientos relacionados con el sobrepeso.

*Sheila Castillo Alejo, Laura Ibarra Montenegro. Facultad de Medicina, UNAM