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Cuando la película es más grande que la realidad

[lead]La maquina de los sueños toma prestadas “historias reales” para construir una verdad más importante, la suya propia.[/lead]

Hay quienes definen el concepto del poder como “la capacidad de hacer que los demás hagan lo que yo quiero”. No está mal, pero quizá la mejor definición dirá algo así como “la capacidad de que los demás quieran hacer lo que yo quiero”.

Pocos temas más relevantes en nuestro tiempo como la dichosa batalla por las mentes y los corazones de la gente. Y si en ese campo las palabras cuentan, las imágenes cuentan más.

Por ello en esta temporada en que Hollywood se celebra a sí mismo con su fiesta de las estatuillas doradas, mucho más allá de reconocer ese negocio global de unos 25 mil millones de dólares anuales, más allá incluso del tema del arte y el entretenimiento, vale la pena considerar la gran capacidad de esta formidable maquinaria que, mejor que la caverna de Socrates, define el mundo mediático en el que damos sentido a nuestras vidas.

No es casualidad aquello de que cuando conocemos en persona a alguien que ya habíamos visto antes en los medios, uno de los pensamientos que primero vienen a nuestra mente es algo así como “caray, pensé que era más grande”. Y no se trata solamente a la obvia diferencia entre el Brad Pitt o Angelina Jolie como los conocemos en una pantalla de IMAX versus lo que sea su verdadera identidad detrás de las toneladas de maquillaje y publicidad y ruido mediático que los cubre en todo momento.

Sobre todo en consideración a la última ola de películas en las que Hollywood reconstruye la historia, acomodando a su ritmo y sentido dramático los hechos de una manera que si no coinciden con la realidad, peor para la realidad.

No deje de ser por lo menos sintomático que nadie ponga en duda siquiera la etiqueta de “Documental” en la última película de Ridley Scott, “Exodus: Gods and Kings”, en la que Moises es presentado como un verdadero super heroe que bien podría aparecer en la próxima secuela de Avengers.

Las licencias creativas que el mundo del cine se toma respecto a los hechos históricos documentados no debería ser importante en un mundo ideal en el que todos sabemos que, la película es un producto creado para vender boletos y palomitas y no la versión mágica que no solo nos ahorra leer el libro, sino que es la mejor manera que tenemos para formar nuestros propios sueños y fantasías.
El varias de las últimas grandes producciones de Hollywood, la realidad pierde, en beneficio de muy buenas historias en pantalla.

Hablamos, por supuesto de Selma y la utilización del Presidente Lyndon B. Johnson no como aliado de Martin Luther King Jr. (como lo fue en realidad) sino casi como su enemigo, solamente en beneficio del momento dramático de la película. Excelente película por otra parte, aunque en sus propia incorporación de algunas imágenes de la celebre marcha de Selma deja ver que la escena filmada el año pasado fue mejor y más concurrida que la verdadera de 1965 que permitió la histórica reforma que hizo efectivo el derecho al voto de las minorías.

Y también estamos hablando de American Sniper, en que que el Chris Kyle, el francotirador que mató a más de 160 personas se convierte, gracias al enorme talento de Clint Eastwood como director, en un héroe mucho más grande y simple que el real Chris que en su propia auto biografía dejo ver mucho más sobre la complejidad moral de sí mismo. Y aunque sus primeras víctimas en la películas son un niño y su madre, el Chris Kyle de la película es un personaje monocromático que fue capaz de atraer una audiencia masiva que en cosa de 10 días dejó más de 200 millones de dólares en taquilla.

Otro ejemplo de cómo, retomando pedazos de la historia real para reacomodarlos a imagen y semejanza y a su agenda del momento, es The Imitation Game que se nos presenta como la biografia de Alan Turing, el criptologo británico que fue fundamental para que su gobierno pudiera decodificar a Enigma, el lenguaje secreto nazi, conviertiendose en una herramienta esencial que permitió a las fuerzas Aliadas ganar la Segunda Guerra Mundial. Más allá de las distorciones históricas, la película se concentrá mucho más en el amor imposible entre Benedict Cumberbatch y
Keira Knightley.

Quizá menos pretenciosa, es The Theory of Everything, que se nos ofrece como la “biografia” de Stephen Hawking, el muy conocido científico que logró manejar una muy seria enferemedad degenerativa para convertirse en uno de los más famosos divulgadores científicos de nuestro tiempo. Claramente la historia es más acerca de la visión de su primer pareja y mucho menos acerca del propio Hawking.

En todo caso, no se trata de condenar la capacidad de esa formidable industria que es Hollywood de crear su propio universo, que ya sea a través de las fantasias más disparatadas sobre las galaxias más lejanas y tomando prestados pedacitos del mundo real, son capaces de ofrecernos las visiones del mundo que gobiernan muchos de nuestras filias y nuestras fobias.

Comparando lo mejor que Hollywood nos presenta, con lo mejor que llega a este país de otros lados, como Badlapur, la película de tanto éxito tuvo en India en que que Boliwood sigue atrapado en los formatos de hace medio siglo con melodramas simples, bailes y canciones melosas a la menor provocación e incluso un intermedio a media función , es claro entender porque Hollywood rules.
Después de todo, otra película reciente, The Life of Pi (una verdadera obra maestra), nos deja entender que si nosotros somos los protagonistas, guionistas y directores de nuestras propias películas, en lugar de una simple secuencia de hechos, accidentes y sus consecuencias, bien podemos vivirlas como una historia extraordinaria.

Y si necesitamos un poco de ayuda, para eso tenemos a Hollywood con todos sus estereotipos y modelos. Como en la vida real, pero mejorada.

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