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Justicia hidríca, un sueño que se aleja

Fabiola Méndez

 

Hace casi 12 años, el 28 de julio de 2010,  la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció  el acceso al agua como un derecho humano y exhortó a todas las naciones y organismos internacionales a proporcionar recursos financieros, promover capacitación y transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los que se encuentran en vías de desarrollo, para garantizar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona diariamente para garantizar que se cubren las necesidades más básicas.

Sin embargo, a pesar de ser reconocido como un derecho y un recurso clave en el desarrollo sostenible, la salud, la educación, el crecimiento económico y el medio ambiente, en el mundo hay dos mil 200 millones de personas que no tienen acceso al agua, de ellos, 884 millones no tiene acceso a agua potable segura.

Y en México entre 12.5 y 15 millones de habitantes no cuentan con ella, de esa cifra, 9.3 millones carecen del servicio mediante una toma en sus viviendas, de acuerdo a cifras de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) y el Consejo Nacional de Evaluacion de la Politica de Desarrollo Social (CONEVAL).

En ese contexto,  el acceso al agua es inequitativo, “algunos la acaparan, otros no la tienen, tendríamos que empezar a pensar en una especie de justicia hídrica, de cuánta necesitamos realmente, cómo garantizamos que la tengan  y cómo reflejamos eso en las politicas publicas”, afirmó Victor Magaña Rueda, doctor en ciencias atmosféricas del Instituto de Geografía de la UNAM.

El investigador señaló que es un error culpar a la naturaleza de la escasez de agua, sin reconocer los errores en la forma de manejar el recurso hídrico. “Hace 20 o 50 años éramos la mitad de los que somos, es decir, el mismo litro lo tenemos que repartir entre el doble, entonces cada vez va a haber menos agua por repartir si no hacemos nada para que compesemos la demanda de agua”.

Asimismo, reconoció que la salud de las personas depende enormemente de tener o no tener acceso al agua: para lavarse las manos, para lavar alimentos, para tener higiene. “Con la pandemia nos dicen lávense más frecuentemente  las manos, pero con qué agua. Por ello, si dejamos que todo dependa de cuánto llueva o deje de llover nos ponemos una situación de alta vulnerabilidad”.

Ante eso, sugirió que debe depender de qué se haga o cómo se gestione o maneje el agua con la que se cuenta. En primer lugar, advirtió que se debe de invertir en obras para llevar agua a todos los que no la tienen, hacer más eficiente el manejo para que con la mitad del agua se haga lo mismo. Por ejemplo, en el sector agrícola, a través de sistemas de riego más eficiente y planeando cultivos para que requieran menos agua, y en los hogares se puede economizar agua a través de uso de regaderas ahorradoras y la implementación de sistemas de captación de agua de lluvia.

Todo ha evolucionado, pero lo que no, es la implementación de todas estas medidas. Otra forma de la distribución inequitativa del agua son las tarifas desiguales, ya que en la capital del país, la población más pobre paga entre 5 y 10 veces más que las personas de mayor ingreso, ya que destinan hasta mil 200 pesos para comprar pipas y garrafones. Mientras que la tarifa para inmuebles ubicados en zonas clasificadas como con alto valor adquisitivo es de 772 pesos, “los responsables dicen: a los que consumen más agua les vamos a cobrar caro porque riegan jardines grandes. En su lógica les darán mil litros y piensan que es mucho, pero hay casas donde viven 10 personas y ellas tendrían que ocupar menos de 100 litros para que no se les disparen los precios”, explicó.

La escasez la viven todos los días

Esa situación la corrobora Maria Eugenia García y Yesenia Espinoza, habitantes de la colonia el ocotal, en la alcaldía Magdalena Contreras de la Ciudad de México, desde hace más de 20 años.

En  casa de Yesenia viven 7 personas y todos los días viven la carencia del vital líquido, “el agua nos llega cada mes, hay veces que nos llega de noche una hora,  y hay veces que de plano no nos llega, hasta pasando uno o dos meses”.

Yesenia comentó que hace unos años no era tan marcada la escasez, de hecho, los colonos se organizaron para reunir los fondos necesarios para construir un depósito que les proveía de agua, pero la situación cambio con el crecimiento de condominios y edificios en otras zonas.

“Están extrayendo agua para zonas de Santa Fe y colonias que tienen dinero, se me hace injusto porque nosotros como vecinos organizamos un tanque para captar agua de los Dinamos, se dio dinero, se dio cooperación, se pusieron manos y sin embargo, no tenemos agua porque este tanque lo abren para colonias que tienen más recursos que nosotros.” Por su parte, Maria Eugenia García solo pide que les den agua más seguido, “todos necesitamos el agua, ya no la pido diario, sino aunque sea una vez a la semana y estuviéramos contentos”.

Esta situación no es exclusiva de zonas populares de la Ciudad de México, en el interior del país el problema del agua enfrenta diversas aristas. En Puebla, el crecimiento de su zona metropolitana ha provocado la desaparición de cuerpos de agua; en Nuevo León, las presas agonizan por la falta de lluvia y en Baja California Sur el desabasto es provocado por la sobreexplotación de su acuífero.

A nivel global, según cifras de la ONU, se calcula que una persona consume diariamente 366 litros de agua, lo que ubica a México en el quinto lugar de los paises que más consumen agua, tan solo debajo de Estados Unidos, Australia, Italia y Japón, naciones que oscilan entre los  575 y 374 litros. En contraste con Nigeria, Sudan y Etiopía que sólo disponen de 9 litros.

En ese contexto, el doctor Magaña Rueda exhortó a realizar mucha investigación e implementar ya medidas para cuidar y reciclar el agua, “no hacemos gran cosa, esperamos a que ya la situación sea de emergencia para actuar. Yo esperaría que cambiáramos esa forma de ver los problemas y lo resolviéramos antes de que se nos vuelvan tragedia”.

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