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La música hay que disfrutarla

• Con motivo del Día Mundial del Músico, Víctor Hugo Peñaloza Hernández asegura que escucharla e interpretarla beneficia el desarrollo del pensamiento abstracto y la expresión de emociones
• Siempre me gustó vivir la sensación de producir sonidos, recuerda; de experimentar el 
ska, ahora escucha danzón y chachachá

De acuerdo con el ranking de los países donde la población pasó más tiempo escuchando música -a través de una suscripción de streaming de pago en 2021-, elaborado por el portal de estadísticas Statista, México ocupa el primer lugar, seguido de Suecia, Brasil, Alemania y Reino Unido.

En tanto, de abril a junio de 2021 Spotify, con aproximadamente 162.4 millones de suscriptores, se posicionó como la plataforma líder en lo que respecta a servicios de música en streaming. Apple Music ocupó el segundo lugar, y Amazon Music y Tencent empataron en el tercer sitio.

Con base en Spotify Wrapped 2021, que efectuó un recuento de lo más escuchado en esa plataforma a lo largo del año pasado, el reguetón predominó como lo más solicitado en nuestro país. Los cantantes más escuchados fueron: Bad Bunny, J Balvin, Rauw Alejandro, Christian Nodal y Luis Miguel; en el caso de las mujeres: Karol G, Dua Lipa, Shakira, Danna Paola y Ariana Grande.

En ocasión del Día Mundial del Músico, el docente de la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, Víctor Hugo Peñaloza Hernández, expresa: la música es un arte y un modo de comunicación con nuestros semejantes; además nos da identidad, es decir, permite reconocernos como sociedad. Esa expresión artística mejora la vida, o por lo menos es lo que pretendemos quienes nos dedicamos a ella.

Escucharla e interpretarla tiene beneficios como el desarrollo del pensamiento abstracto y la expresión de emociones: tristeza, ira o amor. También enriquece y favorece el cerebro en la cuestión cognitiva, recalca el guitarrista.

El experto asegura que México es un país con gran riqueza cultural y musical; sin embargo, vivimos una etapa donde no fácilmente la apreciamos. “Estamos inmersos en los medios de comunicación, donde encontramos muchas manifestaciones culturales, algunas ricas y otras muy pobres, pero que son parte de nuestra época y de lo que nos toca vivir”.

Víctor Hugo Peñaloza enfatiza que la cultura musical mexicana tiene numerosas manifestaciones. En Oaxaca o Puebla escuchamos melodías que son distintas a lo que podemos apreciar en Tabasco, Quintana Roo, o el norte del territorio, las cuales se han adaptado y transformado a partir de la Colonia, junto con los instrumentos. La banda sinaloense, el mariachi, el son jarocho o huasteco, el huapango o las pirekuas, son tan sólo una muestra.

Cabe recordar que el 22 de noviembre se celebra el Día Mundial del Músico, establecido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en honor a Santa Cecilia, a quien el Papa Gregorio XIII declaró Patrona de los Músicos, en 1584.

En Europa, a manera de celebración, el 22 de noviembre de 1570 se realizó en Évreux, Normandía, un torneo de compositores de la época. A partir de 1695 en Edimburgo se comenzó a celebrar, con cierta regularidad, a la música; de esta manera le siguieron otros países como Francia, España y Alemania. Más tarde en Latinoamérica se continuó con la tradición de este día entre 1919 y 1920, en Río de Janeiro, Brasil, hasta extenderse al resto de América, refiere la Secretaría de Cultura en su página electrónica.

Genios musicales mexicanos como Consuelo Velázquez, Mario Lavista, Gabriela Ortiz, Arturo Márquez, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, José Pablo Moncayo, Manuel M. Ponce y José Alfredo Jiménez, entre otros, han llevado su arte más allá de las fronteras de México, añade la dependencia.

Hay para todos

Aunque en gustos se rompen géneros, hay ciertos elementos que definen la calidad musical: riqueza tímbrica, motivo musical, el desarrollo del tema o las variaciones; así como el contenido si hay letra (mensaje explícito del texto). Con ellos es posible realizar una valoración más objetiva que solo decir: “me gusta o no”, refiere el académico.

En ese sentido, se puede decir que hay música de poco valor, porque tiene escaso desarrollo de los motivos e ideas en su construcción, con mínima combinación de sonidos y creatividad. No obstante, afirma, puede llegar a ser comercial.

Por fortuna, prevalece la de calidad, la que perdura sin importar el paso del tiempo: orquestal, boleros, marimba, entre otros géneros que ocupan un lugar en la preferencia de la gente.

Vivir la sensación

En México, opina Peñaloza  Hernández, se requiere mayor educación musical en las escuelas, “más allá de pretender que tengamos una gran cantidad de músicos profesionales o académicos”, ya que, por lo regular, sólo se imparte en talleres básicos, sobre todo en secundaria.

Uno quisiera que el país y nuestra juventud tuvieran mejores condiciones educativas en general, comprensión lectora, más competencia en habilidades matemáticas y, por supuesto, enseñanza musical, comparte el experto.

Para el universitario, los docentes tienen un papel fundamental por desempeñar. “Doy clase en una preparatoria pública y procuro ofrecer una alternativa a lo que escuchan los jóvenes en su entorno; ese es un elemento importante de mi labor”.

Otro ambiente completamente distinto es el que se vive en los cursos propedéutico y de licenciatura de la FaM. Ahí los estudiantes y futuros músicos tienen una excelente lectura, formación de solfeo sólida, etcétera.

Al referirse a cómo alguien decide dedicar su vida a este arte, rememora que en su caso comenzó a tocar la guitarra a los 12 o 13 años, en el coro de la iglesia.

“Siempre me gustó mucho jugar, en el sentido de experimentar, de vivir la sensación de producir sonidos; es algo que como alumno de música es maravilloso. Recuerdo esos primeros momentos de ir moviendo los dedos y poco a poco descubrir que el instrumento va cobrando vida; es muy emocionante, muy rico y un proceso que es indispensable para la educación del oído”.

Estudié en el plantel Sur del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, donde me acerqué al profesor de Taller Musical; ahí encontré que se podía estudiar música y vivir de ella, y fue maravilloso. “De ahí ya no me moví”.

Más tarde llegó a la entonces Escuela Nacional de Música, hoy Facultad. “Poco a poco mis gustos se han transformado, no sólo en la música clásica, sino en la popular: de experimentar el ska, ahora escucho danzón y chachachá. También veremos cómo los jóvenes van transformando su gusto musical”.

Antes de decidir ser músico, relata, quería ser arquitecto porque tenía un tío dedicado a esa profesión; era lo que conocía, pero cuando descubrí que me podía dedicar a la música no hubo vuelta atrás y lo he disfrutado mucho. Soy el primero con esa profesión en la familia, y ese entorno significó un apoyo incondicional a esta decisión de vida; tal acompañamiento ha sido determinante.

Durante la etapa crítica de la emergencia sanitaria, los músicos tuvieron días difíciles. Peñaloza Hernández destaca los casos de compañeros que viven de presentaciones con público, restaurantes, bares, y son quienes la han pasado mal. “Hoy, poco a poco, vamos regresando a una vida cercana a lo de antes de la pandemia”.

México –precisa– es un país que consume música en abundancia; sin embargo, no siempre es bien remunerada. “El músico es tenaz, disfruta su trabajo y busca la forma de venderlo; no obstante, hay quienes no han tenido una situación fácil”.

En este Día Mundial del Músico “celebro a mis colegas, y le digo a los jóvenes y niños que quieren dedicarse a la música que la disfruten sin importar el género, que se diviertan y experimenten, que sea placentero, y que aparte de la seriedad y solemnidad de una sala de concierto, están las notas que nos hacen brincar y bailar. Y a aquellos que no serán profesionales, los invito a disfrutarla, a reír y también a llorar con esa mezcla de sonidos y silencios que encierra emociones y evocaciones”, asevera.

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