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Medios, los villanos

 

César Romero

No. De ninguna manera intento sumarme al coro del señor Trump y los suyos –incluidas Las Mañaneras— en su obsesión por dispararle al mensajero. Esta reflexión es sobre un tema más importante: el dinero.

Al menos desde el siglo pasado el principal modelo de negocios de los medios de comunicación (así, en general) tiene como eje la venta de publicidad. A nivel mundial, para este año estamos hablando de más de $600 mil millones de dólares. De esa barbaridad de dinero, la mayoría (US$341 mil millones) se invertirán en publicidad digital.  En palabras del clásico, “ahí esta el detalle”.

El proceso de concentración en la nueva industria que aglutina telecomunicaciones y medios ha llegado a un punto tal que dos compañías de Social Media, Google y Facebook, se quedan con la tajada del león del gran pastel publicitario, incluso por encima de la televisión, hasta hace muy poco la plataforma más usada en casi todos los países del mundo.

Podríamos decir que todo comenzó en 1995, cuando comenzó a circular en la Bahía de San Francisco (CA), una especie de newsletter vía correo electrónico llamado Craiglist. Fue una bomba, en cosa de un lustro aplastó las secciones de anuncios clasificados de los periódicos de Estados Unidos y 69 países más. Por ejemplo, Estados Unidos: en las últimas dos décadas el ingreso por publicidad de los periódicos pasó de un 30 por ciento del presupuesto anual total, al 6 por ciento que reciben actualmente.

Así, centavo a centavo, el dinerito que la gente utilizaba para buscar trabajo, vender un choche o rentar un departamento, se desplazó al internet, un universo que actualmente habitamos 4 mil 200 millones de personas.

El impacto de la revolución digital cambió todo. Y como debió quedar claro durante el año del encierro, nos encontramos apenas en la línea de salida. Los 4 millones de millones de dólares que han invertido los países y empresas más avanzados en el desarrollo de nuevas tecnologías perfilan transformaciones aún mayores (incluidos los campos de salud, educación y trabajo).

El cambio de era ha sido particularmente difícil de procesar para quienes crecimos pensando que la parte “verdaderamente importante” de los medios eran la noticias, lo periodístico y no el entretenimiento o los anuncios que, si acaso, considerábamos como una especie de “mal necesario”. En países como México, el tema de la distribución/circulación era lo de menos. Orgullosos, proclamamos, “the content is king”.

Para este 2021 Google espera recibir una tercera parte del gasto en publicidad digital de todo el planeta. Facebook, el segundo ganador, espera quedarse con poco menos de una cuarta parte. No es casualidad que el valor de mercado de cada una de ellas ronde el millón de millón de dólares (“one trillion” en inglés).

Además, el colmo: ambas plataformas son gratuitas; se supone; la explotación de la información que tiene de sus usuarios le permitirá a Facebook este año obtener 53 dólares de ganancia por cada persona que en América del Norte visite su “muro”.

Convencido de que pretender regresar en el tiempo es un esfuerzo inútil, además de contraproducente, considero que el actual “humor social” adverso a la condición oligopólica de los gigantes tecnológicos –en particular Facebook y Google, los nuevos villanos favoritos–, es una excelente oportunidad para afinar las leyes sobre el tema combatiendo las prácticas monopólicas y excesiva concentración de recursos; todo con el objetivo central de fortalecer a las personas, nuestra hambre de información y capacidad para comunicarnos.

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