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Cuando el sueño se convierte en pesadilla Americana

El problema se acrecenta porque la orden ejecutiva no prevé que no hay disponibles las instalaciones para albergar a miles de infantes que necesitarían el cuidado de gente adulta y que tienen por su edad necesidades específicas que otros niños no pueden atender con prontitud o de manera adecuada.

¿Alguna vez se perdió cuando era pequeño o pequeña? Recuerda la sensación de indefensión, de vulnerabilidad, la desazón y sobre todo el miedo a lo desconocido, en ese momento la vida se terminaba, no había ninguna certeza y sobre todo se vislumbraba un enorme vacio aguardando para devorarnos.

O, por el contario, ha perdido usted a alguno de sus hijos pequeños en un centro commercial, en una plaza pública, en un parque, en los juegos o cualquier otro espacio abierto en donde hay un sinfín de transeuntes y es dificil ubicarlo con la mirada o ser escuchada al gritar a todo pulmón su nombre. 

Las noticias acerca de la separación de los niños migrantes de sus padres, al ser detenidos por las autoridades en su intento de entrar sin documentos a territorio estadounidense y ser recluidos, en otro sitio, a miles de millas o incluso en distintos estados, se han publicado y reproducido en las redes sociales por millares, sin embargo a pesar de que los números son alarmantes y los hechos no tienen precedente en éste país, nadie, que no haya vivido, aunque sea momentáneamente la separación involuntaria de uno de sus pequeños, puede entender el golpe de adrenalina en el estómago y el terror paralizante que corta la respiración.

Por más que corra tinta nadie puede retratar la desesperación al buscar a ese ser indefenso que sin tí está a merced de todos los peligros y seguramente tan apanicado como tú, lo único que te mantiene de pie y parece evitar el infarto es la necesidad imperante de encontrarlo a la brevedad posible, porque seguramente está sufriendo tanto o más que el adulto que carga con la doble angustia de la culpabilidad por haber puesto a su hijo o hija en esa circunstancia de peligro y vulmerabilidad, no obstante que sus intenciones hayan sido buenas, o que quisiera salvarlo de una situación de riesgo mayúsculo en su país natal.

Es el caso de Iris, madre cuyo rostro se hizo famoso al ser captado por las cámaras de numerosos noticieros de televisión y prensa de todo el mundo, que ha seguido de cerca la crisis en materia de migración que desencadenó la órden ejecutiva de Donald Trump conocida como política de “cero tolerancia” y que dió lugar a que los niños fueran separados de sus padres al entrar sin permiso a la Unión Americana.

Ya en libertad, Iris y otros padres centroamericanos hablaron en conferencia de prensa y dejaron saber al mundo que algunos llegaron a pedir asilo, habían sido detenidos y separados de sus pequeños. A pesar de que entrar indocumentado a este país es considerado un delito menor, “usted es considerada criminal en Estados Unidos y va a ser procesada, por lo que su hijo va a ir a otro lugar”, le informaron y desde entonces no ve a su hijo. Cientos de padres que fueron separados de sus hijos no tienen información acerca de a donde fueron llevados o si estan bien, a pesar de la angustia y el miedo que un niño puede sentir cuando se le aleja de sus progenitores y está además, en un lugar extraño en donde para agravar su situación no entiende el idioma.

Los niños han sido enviados a diferentes centros de detención en donde se están concentrando a los pequeños que son detenidos en el momento en que cruzan la frontera, sin documentos que los autoricen, junto con sus familiares. En ocasiones permanecen un par de días juntos, pero en ocasiones son separados inmediatamente, sin que haya ningún criterio definido acerca de a qué instalaciones van a ser trasladados, con frecuencia los padres y sus hijos quedan encerrados en sendos espacios que están separados por miles de millas de distancia, y nadie les da información que qué esta pasando con sus pequeños.

El problema se acrecenta porque la orden ejecutiva no prevé que no hay disponibles las instalaciones para albergar a miles de infantes que necesitarían el cuidado de gente adulta y que tienen por su edad necesidades específicas que otros niños no pueden atender con prontitud o de manera adecuada.

Quienes han tenido oportunidad de visitar esos centros han compartido que las niñas mayores tienen que cambiar pañales a las más pequeñas, porque no hay quien esté encargado de hacer esa tarea, esos testigos del enorme sufrimiento infantil hablan de un coro ininterrumpido de llantos, incluso hay una grabación hecha subrepticiamente, de niños pequeños llamando a sus padres y en estado de mucha angustia, incapaces de contener las lágrimas y sólo repiten una sola frase, que los lleven con sus madres.

 

Hasta el momento, aún cuando oficialmente han terminado la separación de familias, es sabido que miles de niños permanecen en los centros de detención que se han habilitado al vapor, con materiales muy sencillos, y algunos con reja de alambre,  y cobertores plateados parecidos al papel aluminio, espacios más parecido a las jaulas en donde se tiende ropa, que a un lugar para albergar pequeños en situación extrema de ansiedad y angustia por la pérdida de sus padres, y la incertidumbre de si volverán a verlos en algún momento de sus vidas.

 La mayoría de estos niños se encuentran dispersos  en todo el país. Los padres que ya han sido liberados los buscan sobre todo en el centro que está ubicado al sur de Texas.

Abogados que trabajan pro bono, es decir, sin recibir honorarios, hablan de su preocupación de que algunos padres sean deportados sin haber sido reunidos con sus familias, ni aún ellos saben muchas veces en dónde están los hijos de estas personas que pueden ser liberadas en cualquier momento, saben que si los migrantes salen de Estados Unidos sin sus hijos va a ser mucho más dificil que después los puedan ubicar, ya que dicen existe muy poca coordinación entre las agencias gubernamentales para lograr la reunificación de quienes han sido separados. No se sabe de una lista oficial de los niños que hay en cada centro a lo largo de todo el país, e incluso hay niños que están tan afectados que no dicen ni sus nombres.

La política de inmigración de “cero tolerancia” de Trump, que tiene como finalidad enjuiciar penalmente a los inmigrantes que cruzan la frontera indocumentados, tantos cómo se puedan si no es que a todos, al costo que sea, incluso sembrando el terror en quienes desean hacerlo, de que pueden perder a sus hijos en una separación involuntaria para ellos.  Los funcionarios que trabajan para la actual admistración están trabajando para determinar que elementos de dicha política de “cero tolerancia” pueden continuar implementando, aún cuando Trump dio la orden de que ya no se separe a las familias.

Por su parte la ONU aseveró que la política migratoria de la actual administración podría equipararse a tortura, sobre todo cuando se escucha a  los padres hablando desde la frontera del infierno que están viviendo sin tener noticias del paradero de los hijos que les quitaron.

Mientras tanto, tratando de revertir las críticas en su contra, Trump volvió a utilizar el viejo método que le ha funcionado tan bien desde su campaña para llegar a la presidencia, el organizar un evento para darle voz a los estadounidenses cuyos familiares fueron víctimas de inmigrantes.

Algunos legisladores demócratas visitaron las instalaciones de un centro para menores que fueron separados de sus padres al entrar a territorio estadounidense, ubicado en Texas, cerca de El Paso, y en donde están concentrados 250 adolescentes, sobre todo centroamericanos.

El contratista a cargo del lugar informó a los legisladores de Nuevo México y de Connecticut acerca de las condiciones en que viven así como las supuestas actividades  que realizan, pero no los dejaron ingresar a las áreas en donde permanecen los muchachos, para cerciorarse de que es lo que se les informó era cierto y mucho menos se les permitió hablar con quienes permanecen ahí desde hace tiempo.

El legislador republicano Marco Rubio visitó a su vez otro centro que alberga a más de 1000 jóvenes migrantes,  ahí tampoco se permitió hablar con los jovenes que están detenidos en ese lugar, ni tampoco constatar la  veracidad de la información que se le proporcionó, por ser la política de estos centros de detención para menores separados de sus padres, como castigo por entrar sin permiso a Estados Unidos, y  enfrentar un cargo que ya no se considera, en la vida real,  un delito menor.

La primera dama Melania Trump realizó una sorpresiva visita a uno de estos centros en donde están alojados los niños que son separados de sus padres y fue objeto te duras críticas, ya que no obstante su discurso el favor de no separar a las familias portaba un saco con un mensaje que decía: “Realmente no me importa. ¿Y a ti?”, lo cual fue considerado por muchos como una verdadera provocación, un mensaje directo a la prensa, y no simplemente un descuido o un acto involuntario e intrascendente.

El comediante y analista político Bill Maher abrió su programa semanal anunciando una “buena noticia…,  que al parecer hay un lugar al que los republicanos no van a seguir a Trump…. y ese es secuestrar niños”.

Finalmente Trump firmó otra orden ejecutiva para mantener juntas a las familias migrantes, sin embargo, resolver un problema que se tornó en crisis que tuvo eco a nivel mundial no es tan sencillo como firmar un documento, sobre todo por el trauma para las miles de personas que están todavía sufriendo la separación. El revertir, aunque sea parcialmente una orden no soluciona el problema emocional y la incertidumbre que están viviendo los niños, de la misma manera que sus padres.  

La nueva orden ejecutiva para detener las separaciones familiares desató confusión en Washington y en la frontera con México el jueves, ya que los oficiales en las aduanas no supieron que hacer con las personas detenidas que llegaron esposadas a los juzgados en Texas y Arizona y tuvieron que ser puestas en libertad mas tarde sin enfrentar cargos.  Aunque se insistió mucho en que la política migratoria de “cero tolerancia” sigue vigente.

La pregunta obligada es: ¿en qué momento el sueño americano se convirtió en una pesadilla?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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