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El dilema mexicano

  1. Este año será el más violentos de la historia moderna del país; al menos desde el fin de la Revolución Mexicana. De acuerdo con cifras oficiales en México ocurren 100 muertes violentas cada día. El aumento en la cantidad de homicidios ocurridos ha sido una tendencia más o menos constante desde inicios de siglo.

 

  1. Ante el derramamiento de sangre, así como ante diverso tipo de protestas sociales, la posición pública del presidente de la República ha sido un retórico rechazo a la represión, la promesa de que atenderá las causas profundas de la criminalidad y un constante mensaje de “amor y paz” que Andrés Manuel López Obrador ha utilizado ante cualquier matanza o acción violenta de los grupos criminales. “¡Abrazos, no balazos!”ha sido la reacción del Jefe de Estado. Por cierto, un muy claro contraste con las expresiones de júbilo (en privado) con que uno de sus antecesores celebraba cada vez que sus cuerpos de élite le informaban que un capo de las drogas había sido “dado de baja”.

 

  1. La tarde del jueves 17 de octubre se llevó a cabo en Culiacán, Sinaloa, el primer operativo policiaco-militar durante su gobierno para intentar capturar a un narcotraficante “importante”. Lo era, no tanto por su peso específico dentro de la estructura del crimen organizado, sino por su condición de ser hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, el cual fue apturado “con fines de extradición” por un numeroso grupo de militares. Sin embargo, en cuestión de minutos, cientos de sicarios tomaron los principales accesos a la ciudad y secuestraron a un número indeterminado de civiles, por lo cual las fuerzas militares recibieron la orden de retirarse del lugar.

 

  1. Ante el escándalo mundial provocado por la noticia de la captura y liberación de Ovidio Guzmán López, la respuesta del presidente fue justificar la decisión de su gobierno como un último recurso para salvar las vidas de personas inocentes en la sede histórica del cartel más poderoso del país.

 

  1. Culiacán y sus sierras cercanas han sido, al menos durante él último sigo, la cuna principal de los grandes capos de la droga. Amparados en la complicidad de autoridades y mafias estadounidenses, la corrupción de gobiernos locales y una especie de aval tácito del gobierno federal, el Cártel de Sinaloa ha sido una especia de organización modelo del crimen organizado mexicano.

 

  1. Según la narrativa tradicional, a diferencia de otras organizaciones delincuenciales, los narcos de Sinaloa entienden su rol dentro el negocio internacional de las drogas ilícitas –ellos producen y transportan, las mafias tradicionales controlan el mercado al menudeo–, en general respetan a la sociedad civil y no buscan el control de otro tipo de actividades criminales –como el secuestro y la extorción–, y como al final del día reconocen la superioridad de las fuerzas delEstado, sobre todo las Fuerzas Armadas, históricamente casi todos sus grandes líderes han sido arrestados sin grandes enfrentamientos.

 

  1. El operativo fallido agudizó la polarización política de amplios grupos sociales. Ante la sorpresa, desconcierto y enojo que el hecho provocó en una mayoría de la población, el aparato de propaganda de la Cuarta Transformación promueve, sobre todo en redes sociales, el respaldo incondicional al presidente que se refiere públicamente al narcotráfico con un “¡Fuchi, guácala!” y sigue responsabilizando al expresidente Felipe Calderón (2006-2012) –“comandante Borolas” le llamó el propio López Obrador– de la violencia que padece el país. Ante ello, sus detractores respondieron con el hashtag (#) “comandante sinbolas”, en referencia a la supuesta cobardía del gobierno ante los criminales.

 

  1. Centrada la batalla mediática y política en el clásico juego de buscar responsables y trasladar culpas, el principal marco de la discusión pública que abrió el caso del fracasado arresto del hijo de El Chapo gira en torno a si el nuevo gobierno mexicano mantendrá su posición de no emprender acción alguna en contra del narcotráfico si con ello se pone en riesgo la vida de inocentes.

 

  1. A diferencia de las encuestas de 2007-2012, que expresaban un amplio apoyo a posicionamiento “de fuerza” de parte del Estado contra la delincuencia organizada, los primeros sondeos muestran una sociedad dividida en dos: poco más de la mitad exigen más y mayor firmeza en el combate contra el crimen organizado, pero un segmento ligeramente menor simpatiza con la atención a las causas.

 

  1. Ante el propio reconocimiento presidencial de que “sin seguridad no habrá Cuarta Transformación”, un dilema central de la sociedad mexicana actual es el reconocimiento del alcance de la subcultura del narcotráfico y el tamaño real de sus bases sociales. A partir de ello, revisar las causas y efectos en la salud pública del consumo de drogas. Y así, poder construir una narrativa social que no se limite a la falsa disyuntiva de “guerra” o “claudicación”; exterminio o “acusarlos con sus mamacitas”.

 

 

 

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