México, ¿Norte o Sur? El eterno dilema

T.S.A. Staff

¿Pertenece México a América del Norte o a América Latina? ¿Hay vida después del TLC? He aquí algunas ideas, con ánimo de abrir una sana y necesaria discusión.

¿Pertenece México a América del Norte? Por supuesto que sí existe ese nuevo mundo. Geográficamente, América del Norte, comienza en Canadá y termina en ¿el Istmo de Tehuantepec, (ese que Benito Juárez le ofreció a los Estados Unidos para construir un canal transoceánico)?

Económicamente también es una realidad. Al menos desde el México que ilustra Emilio Pacheco en las Batallas del Desierto hasta el país que imaginó Carlos Salinas, México juega un rol importante (pero muy subordinado) en el proceso de transformación de la economía estadounidense (del modelo industrial post Segunda Guerra a una economía de servicios claramente orientada al resto del mundo).

 

¿Hay futuro sin TLC? El hecho que el Nafta haya nacido como bandera de un presidente republicano (Bush padre) y luego rescatado por un presidente demócrata (Clinton, el marido), es una clara señal que el TLC fue una etiqueta útil para un proceso que de por sí estaba ocurriendo.

Me parece que está plenamente demostrado que con o sin Nafta, la llamada Globalización es la causa real del crecimiento del comercio exterior mexicano. Si acaso, se podría especular que, sin tratado, México hubiera seguido la ruta de Brasil, Chile y otros países del sur, cuya relación comercial y de inversión más importante es con China.

¿Y el sur? Por supuesto que históricamente y sentimentalmente, buena parte de la sociedad urbana y de las élites políticas han dicho siempre que México no es parte de América del Norte, sino de Latinoamérica. Según eso, Simón Bolívar influyó más en la formación de nuestra identidad cultural que los llamados “padres fundadores” de Estados Unidos.

Es claro que la religión y el idioma juegan un rol importante en temas de identidad nacional. Pero casi siempre olvidamos que al norte del muro del señor Trump se encuentra la segunda mayor concentración de católicos e hispanohablantes del continente.

Socialmente, la influencia de la cultura mexicana en Estados Unidos es enorme. Allá viven cerca de 35 millones de personas con raíces guadalupanas, juntas representan la principal fuente de divisas para nuestro país y representan una fuerza laboral y una economía casi del tamaño de la de México.  Incluso en sus principales ciudades, la televisión en español suele ser la de más audiencia. Sin embargo, la relativa facilidad con que un personaje de caricatura como Mr. Trump logró usar el racismo y temor a los mexicanos como bandera electoral deja claro que mientras el músculo político hispano sea débil, en Estados Unidos habrá grandes resistencias para reconocer una tendencia demográfica irreversible, que en pocos años más una tercera parte de la población total de ese país será Latina. Seguramente entonces nadie en México se preguntará este tipo de preguntas.

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