Trump, primer año: sin muro y con Nafta

Por Oscar Luna

Un viejo refrán mexicano reza así: “perro que ladra, no muerde”.

Ya pasó un año y el mundo sobrevivió al primer año de Donald Trump como presidente de la segunda economía más grande del mundo y principal potencia militar de nuestro tiempo. Y aunque el recuento de daños es enorme, dos de sus amenazas favoritas aún siguen sin convertirse en realidad: El Tratado de Libre Comercio con México y Canadá sigue vigente y su muro fronterizo de 2,000 millas se mantiene como una bravata.

Por supuesto que en este caso el refrán mexicano no es suficiente para serenarnos. En este caso la fiera mantiene un dedo sobre el botón de la aniquilación nuclear, mientras que, con otro, dispara rabiosos twitters en contra de su vecino del sur, quienes creen en la equidad de género, quienes intentan evitar el apocalipsis ecológico, quienes veneran a un diferente al suyo y quien sea que se atreva a criticarlo o siquiera, mirarlo feo.

El presidente Trump llegó a la Casa Blanca gracias a su talento como personaje de la farándula y, sobre todo, a que se atrevió a destapar de la célebre Caja de Pandora. En este caso los más oscuros, egoístas, violentos sentimientos de un segmento de la sociedad estadounidense. A partir de allí, el racismo, el nazismo, el odio a los inmigrantes, a las minorías y a los que menos tienen, se ha extendido en diversas partes del planeta.

El recuento de sus fracasos, sin embargo, ha sido enorme. Sin muro todavía, ha conseguido aislar a Estados Unidos de la inmensa mayoría de los integrantes de la Comunidad Internacional. Sus constantes balandronadas contra China, Irán y Corea del Norte, se han focalizado en este último país, uno de los más pobres y desprestigiados del orbe. Sus reiterados intentos para que Estados Unidos traicione su condición originaria de ser una nación pro inmigrantes, también ha sido detenida por el propio sistema judicial americano. Lo mismo pasa con su virulento rechazo a la reforma al sistema de salud que tanto empujó Barack Obama.

Salvo sus únicos dos “logros” –una reforma fiscal que hará aún mayor la brecha económica entre el pequeño grupo de personajes y compañías que lo tienen todo y la inmensa mayoría de las personas con crecientes carencias–, y sus permanentes insultos a los medios de comunicación, con la cual ha logrado construir una fake reallity en la que se refugian sus seguidores (cada día son menos), es perfectamente posible pensar que su mandato ha sido un rotundo fracaso.

En el marco de su primer aniversario como inquilino de la Casa Blanca, proclamando su repudio a los “países de mierda”, describiéndose a sí mismo como “un genio” y además, mentalmente “estable”, mientras que el clamor social global lo describe como racista y demente.

A poco más de un año de su toma de posesión –aquella imagen de su brazo derecho extendido y con el puño cerrado no se olvidará pronto–, su propuesta de gobierno se puede definir con una palabra: retroceso.

Y aunque el 2017 puede ser claramente considerado como un mal año, resultan notables algunas reacciones sociales ante los peligros que Trump representa. Primero, el tema de las mujeres. Ante el vulgar personaje que presume su capacidad para agarrarlas “by the pussy”, el movimiento mundial en contra el acoso sexual es uno de los más importantes desafíos a ese renacimiento de las fuerzas más obscuras de nuestra historia.  Algo similar ha ocurrido con los Dreamers, que siguen manteniendo un enorme apoyo social, pese a los intentos de la Administración Trump por usarlos como chips de negoción.

En términos políticos, las importantes derrotas electorales de sus candidatos en diversos estados podrían ser la primera señal de desbandada de la élite del Partido Republicano, para alejarse lo más posible de este lamentable personaje. De ser así, más pronto que tarde, el tema del Impeachemnt podría ocupar el escenario central de este país.

Add Comment

Click here to post a comment

*