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Medicamentos de uso común pueden provocar alucinaciones

Fernando Guzmán Aguilar / Diana Rojas

Si un paciente ve arañitas (de diferentes tonalidades) moviéndose sobre la pared, escucha la sirena de una ambulancia o siente que un montón de hormigas se le suben por brazos y piernas, y sólo él las ve o escucha, son alucinaciones, dice la doctora Gisel Cano Arrieta, profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Las alucinaciones son una alteración neuro-senso-perceptual. Ocurren cuando, al haber una distorsión en alguno de nuestros sentidos (audición, visión, tacto, olfato), “tenemos una falsa creencia o sensación en nuestra memoria, relacionada con algo vivido previamente”.

Las alucinaciones se clasifican en visuales, auditivas, táctiles, propioceptivas y olfativas, apunta la médico psiquiatra Cano Arrieta.

En algunos pacientes, cualquier fármaco puede causar efectos secundarios, entre ellos, las alucinaciones, dice la profesora de Introducción a la Salud Mental.

Un fármaco puede provocar alteraciones en el sistema nervioso central, y en consecuencia, alucinaciones no por lo que contiene específicamente, sino por su capacidad lipofílica, la cual le permite atravesar la barrera hemato-encefálica, membrana de tipo grasoso que protege al cerebro.

Si la estructura o molécula del fármaco es proclive, por ejemplo, a bloquear receptores de la acetilcolina, también puede provocar alucinaciones, agrega Cano Arrieta.

Otros factores que junto con los fármacos pueden predisponer a alucinaciones o detonarlas son la edad, enfermedades preexistentes del riñón, del hígado, neurológicas (epilepsia, demencia, depresión) y algún trastorno de “índole adictiva”, principalmente alcoholismo.

Fármacos y alucinaciones

Cano Arrieta enlista fármacos que pueden causar este tipo de alteraciones de los sentidos:

En pacientes con enfermedades cardiovasculares, los antihipertensivos que son betabloqueadores, como el metroprolol y el propranolol, pueden provocar estados alucinatorios hasta en un 10 % de los casos.

Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina. Cuando la bloqueamos, evitamos que nuestro organismo tenga una presión arterial alta. Se sabe que puede provocar alucinaciones a entre el 4 % y el 8 % de los pacientes.

Aunque no son lipofílicos, la reserpina o la clonidina, que se usan también para controlar la presión, “pueden atravesar la barrera hemato-encefálica y afectar hasta en un 5 %” de pacientes con daño preexistente en el sistema nervioso central, en el hígado o en el riñón.

Los cardiotónicos (digoxina o digitoxina), que se utilizan en terapia intensiva para aumentar la fuerza del corazón en una situación de insuficiencia, causan alucinaciones en un 25 % de los pacientes, sobre todo en adultos mayores con daño renal o alteraciones en niveles de electrolitos, altos o bajos en calcio y potasio.

Los antitusígenos, que ayudan a evitar la tos, como el dextrometorfano, en dosis altas pueden provocar cambios en la conducta senso-perceptual. Por eso también pueden ser “una droga de abuso”.

Fármacos para modular la respuesta inmune, en enfermedades como artritis reumatoide, lupus, inflamación intestinal, rinitis alérgica, etcétera, pueden causar también un cuadro alucinatorio. Los antihistamínicos, usualmente recetados para la alergia, como la difenhidramina, si se usan en una dosis alta, provocan alucinaciones y “cuadros confusionales”.

La familia de los corticosteroides, que ayudan a evitar una inflamación en una artritis reumatoide o en un lupus eritematoso, pueden provocar alucinaciones visuales y afectar el estado emocional y afectivo, elevando el ánimo o provocando depresión. Al menos el 18 % de pacientes que reciben una dosis de 80 miligramos de un fármaco corticosteroide “van a tener una manifestación neuropsiquiátrica”.

Dentro de los moduladores de la inmunidad están también los antiinflamatorios no esteroideos. Se utilizan mucho como analgésicos o antiinflamatorios de uso común, ya que no se requiere receta para conseguirlos. Pero la indometacina y el celecoxib, por ejemplo, “pueden generarnos un cuadro psiquiátrico”.

También causa eventos alucinatorios la corticotropina, hormona que se usa en enfermedades metabólicas o endocrinológicas, cuando se tienen alteraciones en la producción de hormonas corticosteroides.

Otros medicamentos que pueden provocar este tipo de alucinaciones son antibióticos como la cefaloridina, la rifamicina o incluso la isoniazida, que es un antituberculoso.

Para una enfermedad neurológica como la epilepsia, se utilizan la fenitoína, la carbamazepina y el clonazepam. Estos antiepilépticos, que se administran para controlar las crisis, pueden generar cuadros de psicosis, depresión y cuadros alucinatorios.

Fármacos para males del aparato digestivo, como el omeprazol, el lansoprazol, la famotidina, la ranitidina y la cimetidina, normalmente son bien asimilados. Pero cuando hay alguna enfermedad renal o falla hepática, y se trata de un adulto mayor, pueden ser la causa de un cuadro alucinatorio.

La polifarmacia no es sana

Cuando estos fármacos entran en el sistema nervioso, alteran no su estructura sino su funcionalidad. Afectan a los neurotransmisores, que son los encargados de emitir señales en el cerebro a través de las neuronas. De ahí que se trate de un padecimiento funcional, no estructural, apunta Cano Arrieta.

Cuando un paciente tiene alucinaciones como efecto secundario de un fármaco, hay que tratar no sólo la enfermedad de base (lupus eritematoso, por ejemplo), sino también el episodio psicótico o episodio alucinatorio. Esto afecta su calidad de vida porque va a padecer ansiedad, depresión. Y así se dificulta “que tenga un buen apego al tratamiento de su enfermedad de base”.

Otra causa de alucinaciones es la polifarmacia, es decir, cuando el paciente toma varios fármacos de forma simultánea (por ejemplo, un analgésico antiinflamatorio no esteroideo, un citoprotector gastrointestinal, hormona tiroidea para tratar el hipotiroidismo, un antihipertensivo…).

Cano Arrieta recomienda evitarla “de entrada”, ya que, si de esa lista tres o cuatro tienen mayor afinidad al sistema nervioso central, es muy probable que esa misma interacción cause no sólo un cuadro de alucinaciones, sino también otro tipo de situaciones, como confusión, agitación psicomotriz y cuadros afectivos como manía, hipomanía, depresión, ansiedad y alteraciones en el ciclo del sueño.

 

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