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México del Norte

Por Oscar Luna

¿Podrá Donal Trump llegar a la Casa Blanca? En consideración a que el consenso entre los expertos fue siempre en el sentido de que era “imposible” que llegara a ganar la candidatura del Partido Republicano a la Presidencia –y ahí está, es claro que el empresario de la exótica cabellera sí puede ganar las elecciones del martes 8 de noviembre.

Es más, aunque Estados Unidos recupere la razón y el establishment logre recomponerse para evitar un virtual salto al vacío perfectamente equiparable con los triunfos electorales del fascismo y nazismo en Europa hace poco menos de un siglo, de cualquier modo el factor Trump es ya una realidad que deja al descubierto el lado más obscuro y salvaje de la sociedad estadounidense.

En ese contexto, el aislacionismo, xenofobia y racismo –banderas favoritas del señor Trump, son claramente grandes peligros para México y los mexicanos radicados en este país.

El México del Norte, además título de la columna de un entrañable Coyoacánense de Chicago, es un universo de más de 35 millones de personas que sin duda alguna representan la principal influencia demográfica en la formación del futuro inmediato de Estados Unidos. Es también, la expresión local de una relación económica que permite que América del Norte se mantenga como una región competitiva en la economía global.

Lamentablemente también, para gran parte de la sociedad estadounidense, México es tradicionalmente un tema absolutamente desconocido, cuasi irrelevante. Equivalente al conocimiento que los mexicanos de México tienen sobre sus dos vecinos del sur, el estadounidense promedio tiene un conocimiento mínimo sobre México y los mexicanos radicados aquí.

Allí es donde Trump supo aprovecharse de los peores prejuicios del segmento más ignorante de esta sociedad, para quienes la palabra “Mexican” es un adjetivo calificativo, básicamente despectivo, que este personaje intentó convertir en sinónimo de “ilegal” y “violador”. En la misma pista, también ha sabido tomar ventaja de que para muchos, “NAFTA” también es una mala palabra.

Eso, en un entorno en el que, desde México la relación de los grandes círculos de influencia con ese 10 por ciento de su población que tomó la decisión de migrar hacia el norte ha sido tradicionalmente un tema poco atendido y, si acaso, considerado solamente como una fuente de divisas (“tantos dólares mandas, tanto vales”), no deberíamos sorprendernos de que por mucho tiempo la relación misma del México institucional con su diáspora haya sido terreno fértil para el ejercicio más anticuada y perezosa de la diplomacia consular.

Obviamente, esa era ha concluido. Sea por convicción solidaria o interés propio, el México del sur (de Mexicali hacia Ciudad Hidalgo), comienza a reconocer los peligros que representan la ignorancia y la inacción. Los nombramientos de un nuevo equipo de diplomáticos en la mayoría de las 50 representaciones en el país, incluido el titular de nuestra embajada en el 1900 de la Avenida Pennsylvania, en Washington D.C., son señales en la dirección correcta.

Quizá como sucedió con la celebre Iniciativa 187 de California en 1994, la propuesta anti México que hoy Donald Trump representa podría convertirse en el catalizador de una serie de acciones conjuntas para educar a la sociedad estadounidense sobre el valor de los nuevos Americanos (más del 85 por ciento de los Mexicans nacieron aquí o tienen un estatus migratorio perfectamente en orden) y las enormes ventajas que representa la consolidación de América del Norte como mercado y fuerza económica para un mundo en el que los verdaderos liderazgos no se construyen con muros y ni siquiera con la abrumadora fuerza nuclear de este país.

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