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Narrativas y Multiversos

César Romero

Creo que, a estas alturas de la vida, ya deberíamos entender que los medios de comunicación no tienen como función principal la de dar noticias. Sirven, sobre todo, para articular y difundir una particular visión de “la realidad”.

No intento decir que los medios no tengan relevancia, más bien lo contrario. En particular a partir de la revolución digital, es tan grande y cacofónica la presencia mediática que es prácticamente imposible que no tengamos acceso, por una vía u otra, a las noticias más relevante. Es lo que ahora llaman “media ecosystem”.

Tampoco busco regresar a la añeja polémica sobre la objetividad periodística o a re-descubrir el hilo negro:  “todos y cada uno de los medios tienen una agenda, intereses y por ende una línea editorial propia”. Claro, ¿quién no?

Ni siquiera pretendo “revelar” lo que grandes figuras políticas contemporáneas –Trump, Milei, AMLO y los demás–, han sabido rescatar y reciclar las artes obscuras de los inventores de la propaganda –¿Lenin? ¿Goebbels?– y las aplican de manera cotidiana. Mi intención es bastante más humilde:

A partir de la idea de que, en materia de comunicación, más importante que el contenido propio de una noticia, es la selección del tema, creo que debemos poner más atención al asunto de “La Agenda”.

De lo que alcanzo a entender del pensamiento de Ludwig Wittgenstein me parece indispensable que aprendamos a leer el ecosistema mediático de manera diferente. Después de todo, estamos hablando, en el caso mexicano, de un padrón de medios de más de 300 plataformas registradas; y eso, sin incluir a las “benditas redes”.

La estampa de una persona con el periódico desplegado en la mesa del desayuno junto al sagrado cafecito con pan es, desde hace décadas, un tesoro de la memoria.

“Los medios” son, actualmente, el chivo expiatorio perfecto para los neo-populistas de cualquier color, y también,  herramientas para la construcción de “legitimidad” y/o “popularidad”. Y por supuesto, plataformas ideales para difundir el multiverso de las narrativas.

Basta con asomarse al norte para descubrir que la realidad made in FoxNew es completamente diferente al mundo CNN; el cual, a su vez no se parece en casi nada al planeta NYT.  Y lo mismo ocurre en cada mercado.

En un contexto internacional de democracias en crisis la gran batalla en materia de información periodística ocurre dentro de los celulares, los principales dispositivos de distribución de contenido.  E incluso, más que hablar de “las redes”, deberíamos concentrarnos en Tik-tok, actualmente la plataforma más efectiva para conectar con las nuevas generaciones.

Aunque con frecuencia pretendemos ignorarlo, es un hecho que los periódicos en papel siguen la ruta de los dinosaurios y que también ha caído el consumo de televisión –sobre todo en la modalidad “abierta”, en particular entre los jóvenes. Todo lo cual no quiere decir que el consumo mediático haya disminuido; al contrario.

Super simplificando, me atrevo a decir que lo que hoy confrontamos, es que la lógica política de moda, la de la polarización, ha producido narrativas mediáticas, mutuamente excluyentes entre sí.

En México, tenemos dos: la que da cuenta de un país controlado por criminales, sin acceso a la salud, con un sistema educativo hecho pedazos, en el que la vida cotidiana es un infierno. Eso, frente a una visión idealizada sobre un enorme movimiento popular que, a la vuelta de la esquina, resolverá todos los males y nos traerá el reino de dios para cada desayuno.

Más allá de la contienda electoral entre dos mujeres brillantes y sus respectivos ejércitos de “operadores”, ahí estará –en la disputa por las narrativa–, la nueva madre de todas las batallas. (Por no entrar al terreno de otra probable “elección de Estado”).

Y aunque ambos bandos lucran con la desmemoria, es justo reconocer que, en nuestro país, al menos desde los años 70´s, casi todos los gobiernos han considerado a los medios como “una monserga”. Alguna vez un presidente se quejaba de que los medios se dividían dos: los “verdes” que ofrecían buenas noticias (la información oficial)  y “los rojos” que daban cuenta sobre todo lo negativo.

Profesionalmente seguimos anclados en el “no pago para que me peguen” de López Portillo y la satanización de periodistas desde Palacio es el pan de cada día.

Resulta previsible que en este año electoral la dinámica no cambiará demasiado. Los grandes empresarios mediáticos seguirán haciendo negocios a la sombra del poder político –los RFC cambian, pero se sigue facturando– en tanto dentro de las redacciones el gran dilema volverá a ser, continuidad o cambio. A partir de lo que cada una de ellas apueste, se irá definiendo “el cristal con que se mira”.

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